domingo, 11 de noviembre de 2012



Nací en el momento y lugar equivocados. Mi madre se equivocó de hospital, luego de doctor y más tarde de habitación. Se equivocaron de nombre y, cuando les preguntaban, mis padres se equivocaban sistemáticamente al decir mi edad. Fui al colegio equivocado, escogí los amigos equivocados que me llevaron por el camino equivocado. Me equivoqué de carrera tres veces y, a la cuarta, me equivocaba de aula en cada examen. Por un equívoco, conocí a mi ex-novia, que muy pronto se dio cuenta de que se había equivocado conmigo. Intenté varias veces ir al médico para curarme, al psiquiatra incluso, pero tenía miedo de equivocarme con las pastillas. Nunca acerté con el regalo del amigo invisible y conducir siempre fue un reto para mí. Me equivocaba al hablar, al andar, subía cuando tenía que bajar y bajaba cuando no me quedaba más remedio porque ya estaba arriba de todo y descubría que me había equivocado. Me equivocaba al soñar, al reír y al respirar. Fui cumpliendo años en las fechas equivocadas hasta que, de pronto, un día miré a mi alrededor y descubrí que no era el único, que el mundo está lleno de equivocados crónicos, almas solitarias que solo deseamos poder rellenar un formulario a la primera, colorear un mapa político siguiendo la leyenda, subir en ascensor y pulsar el botón adecuado... Por eso, desde aquí quisiera hacer un llamamiento a todas esas personas que viven en la incorrección desesperante, con la esperanza de que, uniéndonos, podamos poner fin a nuestro mal.

P.D. Había creado un blog específico para la causa, pero al final me he equivocado y he acabado publicando en el de esta tal momö. Espero que pueda perdonarme.

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